
No es fácil definir lo singular desde un lenguaje que funciona con categorías de carácter general. El trabajo no deja de ser una pesca en almadraba , donde tratamos de ir estrechando con las redes del lenguaje el cerco sobre esa cosa única y viva. Cuando finalmente ,en la levantá , nos sentimos triunfadores, el pez se nos ha muerto. Quizás por eso no es posible explicar el terroir en un vino: hay que verlo vivo, sentirlo. Y cualquiera hubiera podido hacerlo el otro día, en la cata de Dönnhoff, ese productor del Nahe que transforma la indomable voz de la riesling en un recitativo operístico. Allí pudimos probar vinos de varios de sus pagos: un atropellado , por exceso de potencia y juventud , Hermannshöhle GG 2008; un fantástico, denso y misterioso Felsenberg GG 2007, con un enorme potencial; un muy satisfactorio Dellchen GG 2007, para tomar ya , más transparente y sencillo que sus predecesores; un sobresaliente Hermannshöhle GG 2006, concertado, bien definido y meolodioso; un Brücke Spätlese 2007, melodía dulce y suave, que nos llegaba apagada por el reververo en nuestros paladares del poderoso brillo de los vinos anteriores; y, finalmente, un Hermannshöhle Spätlese 2007 , aún tímido y joven , quizás excesivamente amable, pero que dejaba entrever ya una honda singularidad. Tres Hermannshöhle muy diferentes, que manifestaban , sin embargo , un carácter común. Como ver diferentes fotos de una misma persona . ¿Y ese carácter, ese terroir, como lo definiría? Pues diría, ripiamente, que era brillante, vibrante y elegante. Pero no servirá de nada . Porque nadie puede enamorarse sin ver a la amada.