Hace ya unos días que abrimos otro de esos fantásticos y afrancesados “supertoscanos”, en este caso uno de los nacidos al abrigo del éxito de los pioneros Sassicaia y Tignanello : un Ornellaia (Cabernet Sauvignon 65%, ,Merlot 30%, Cabernet Franc 5%), de la difícil cosecha, según se desprende de su web, del 2002. Es el vino franquicia de la bodega Tenuta dell'Ornellaia, que elabora uno superior, al menos en precio, llamado Masseto ,100% Merlot, y dos inferiores, o más baratos, llamados Le Serre Nuove y Le Volte. Cuenta desde su primera añada, allá por el 1985, con el asesoramiento de Michel Rolland. Fue precisamente en 2002 cuando su creador, Ludovico Antinori (hermano del Antinori del Tignanello), la vendió en su totalidad a los americanos de La Robert Mondavi Corporation de Napa (California), y desde entonces parece que es un poco más difícil no dejarse una buena pasta para probarlo. En tienda suele oscilar entre los 100-120 euros.
En copa tenía un color rojo picota con tintes violáceos, bastante cubierto y un poco apagado. En nariz presentó unos aromas de reducción importantes, pero nobles, que terminaron de irse al cabo de una buena oxigenación, quedando en agradables notas de cuero. Aún así decepcionaba por su poca intensidad, complejidad y concentración. En boca presentaba un paso fino pero desequilibrado,poco integrado, donde cada cosa parecía ir por su lado. No dejaba de tener , aún así, un carácter tranquilo, con cierta elegancia, que no conseguía borrar, sin embargo, una sensación de desencanto. A falta de vino , nos pusimos a darle a la parpalluela un buen rato. Y cuando retomamos lo que quedaba en nuestras copas, no pudimos dejar de reconocer que aquello había cambiado, y mucho. El aroma se había redondeado y concentrado, incluso ganado en intensidad. En boca ahora estaba equilibrado, armonioso. Había una buena acidez, unos taninos muy finos, con ligeras notas torrefactadas. Pero lo que destacaba sobre todo era una fruta negra madura vivísima, que lo hacía muy goloso de tomar, junto con notas balsámicas y florales. Y la impresión fue que lo acabamos cuando aún no había terminado de darse. Acabamos apurando los posos y lamentando nuestra impaciencia. Es que nos pierde la glotonería. A destacar, en contraste con los españoles, la mucha finura, que no va en detrimento de su riqueza, la abundante fruta y la poca madera, que los hacen mucho más fáciles y golosos.
En copa tenía un color rojo picota con tintes violáceos, bastante cubierto y un poco apagado. En nariz presentó unos aromas de reducción importantes, pero nobles, que terminaron de irse al cabo de una buena oxigenación, quedando en agradables notas de cuero. Aún así decepcionaba por su poca intensidad, complejidad y concentración. En boca presentaba un paso fino pero desequilibrado,poco integrado, donde cada cosa parecía ir por su lado. No dejaba de tener , aún así, un carácter tranquilo, con cierta elegancia, que no conseguía borrar, sin embargo, una sensación de desencanto. A falta de vino , nos pusimos a darle a la parpalluela un buen rato. Y cuando retomamos lo que quedaba en nuestras copas, no pudimos dejar de reconocer que aquello había cambiado, y mucho. El aroma se había redondeado y concentrado, incluso ganado en intensidad. En boca ahora estaba equilibrado, armonioso. Había una buena acidez, unos taninos muy finos, con ligeras notas torrefactadas. Pero lo que destacaba sobre todo era una fruta negra madura vivísima, que lo hacía muy goloso de tomar, junto con notas balsámicas y florales. Y la impresión fue que lo acabamos cuando aún no había terminado de darse. Acabamos apurando los posos y lamentando nuestra impaciencia. Es que nos pierde la glotonería. A destacar, en contraste con los españoles, la mucha finura, que no va en detrimento de su riqueza, la abundante fruta y la poca madera, que los hacen mucho más fáciles y golosos.